A la salida de la plaza me preguntó un amigo: ¿Qué ha pasado? Y le contesté: Pues no lo sé. No me acordaba de casi nada de lo que ocurrió en un festejo que, a pesar de las dos orejas cortadas, fue un tostón de principio a fin. Un tostón con mucho viento y mucho frío.

Si se cortaron dos orejas se supone que algo bueno debió ocurrir en la corrida. Es el momento de explicar que la plaza de toros de Sevilla ha llegado a un grado de mínima credibilidad en cuanto a la relevancia de los trofeos. Es verdad que se solicitan, no siempre por mayoría, pero no se entienden bien los motivos de esas peticiones, al principio muy débiles y al final más numerosas. Y luego está el palco, que suele claudicar ante peticiones no mayoritarias y saca también su pañuelo. El mismo presidente que le negó una oreja a Borja el sábado se la ha dado a Luque con peticiones parecidas.

Pues sí señores: se han cortado dos orejas en esta corrida del martes de farolillos. La corrida de Cuvillo ha tenido una correcta presentación, pareja y de bonitas hechuras en general. El juego es otra cosa. Salvo la bondad del segundo, un bendito, el resto ha sido un conjunto carente de casta y fuerzas, además de manifestar poca clase en sus embestidas.

Una oreja le cortó Talavante al segundo de la tarde. Fue un toro de una bondad pastueña que permitió al extremeño realizar una faena con algunos momentos de calidad, sobre todo por lo despacio que toreó por ambos pitones. En algún momento ligó circulares completas al bondadoso Hurraco, nombre del toro. Con mejor trazo por la izquierda, fue una faena templada y fácil en apariencia, rematada de una estocada. La oreja fue justa.

Con el quinto cambió la decoración. Lo saludó con dos faroles con el capote. El de Cuvillo se había escobillado un pitón en un derrote en un burladero. Fue una faena larguísima con ocho tandas por uno u otro pitón, ante un toro que llevó siempre la cara alta y fue un compendio de sosería. Dos soserías juntas, el toro y el torero. Escuchó un aviso antes de entrar a matar.

Daniel Luque le cortó una oreja al tercero. Seguro que ni el de Gerena sabe muy bien los motivos. Estuvo entregado, porfión, reiterativo, valiente, tenaz, confiado, es decir, que todo lo puso el torero. Lo mimó en las primaras tandas y cuando le atacó el toro se aplomó y costaba un mundo que se arrancara. Hubo arrimón y una mondeñinas finales. La banda de música no llegó a sonar, pero ese no es un baremo que mida las faenas. Se han cortado muchas orejas sin música y no se han cortado otras tantas con la banda en acción. Tras una estocada corta tendida se encontró con una oreja. El palco sacó su pañuelo, a pesar de que no había petición mayoritaria (el palco dirá que sí la había).

Con el sexto, un toro desclasado y aburrido, Daniel Luque volvió a hacer un esfuerzo en una faena que no levantó el vuelo ante las condiciones irrelevantes del toro de Cuvillo.  

Manzanares no se arrugó el vestido de torear. Fue el más perjudicado por el viento, sobre todo en el primero. Se puso a dar pases solo voluntariosos, en los que faltó mando (el viento) y sobró mucho cite fuera de cacho. Con el cuarto, nuevamente con el viento presente, el de Alicante dio pases a diestra y siniestra, para lograr una tanda mejor al bajar la mano y exigir al toro por abajo. Poca cosa.

Estos apuntes de la corrida las he podido escribir gracias a las anotaciones tomadas durante la misma, porque la realidad es que no me acuerdo de casi nada., tal y cómo le conté a mi amigo. Bueno, que al final el frío se había metido en los cuerpos y que hizo mucho viento.

Plaza de toros de Sevilla, 21 de abril. Decimoprimera de abono. No hay billetes. Seis toros de Núñez del Cuvillo, correctos de presentación y de juego pobre en general, salvo el noble segundo. El resto, justos de casta y clase.

José María Manzanares, de nazareno y oro. Estocada desprendida (silencio). En el cuarto, estocada (silencio).

Alejandro Talavante, de corinto y oro. Estocada (una oreja). En el cuarto, estocada (silencio).

Daniel Luque, de azul cielo y oro. Estocada corta tendida (una oreja). En el sexto, estocada desprendida y un descabello (silencio tras aviso).

Saludaron en banderillas Juan Contreras, Jesús Arruga y Antonio Punta. Buenos puyazos de Jabato hijo y El Patilla. Fuerte viento durante toda corrida.

sevillatoro.es
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