Debutó La Cercada con una novillada justa de presentación – cinco habían sido devueltos al campo – y un juego muy variado. Entre ellos, el segundo, que según las guías era negro mulato chorreao, pero que en realidad era burraco fue un novillo bravo en el tercio de varas y en la muleta. Y ese detalle tapó su exigua presencia. Que Dios te libre de un toro bravo le dijo Belmonte a un aficionado. El novillo bravo de nombre Relimpio se le atragantó a un novillero que llegaba con la impronta de que su origen catalán era una llamada de atención atractiva para el aficionado. Se le atragantó por dos motivos. De un lado, el joven espada estuvo acelerado y nervioso, aturrullado y amontonado, incapaz de embarcar y mandar en unas embestidas por abajo con temperamento y raza. Vilau se había ido a portagayola y lanceó rodilla en tierra con buen sabor. En su turno de quites, Méndez se explayó con chicuelinas, saltilleras y gaoneras.
El catalán es un torero moderno, es decir, que pone sobre el tapete todas esas suertes accesorias que tanto impacto tienen en los tendidos. Así, se plantó de rodillas en el centro para torear sin tranquilidad ni limpieza. Las dos tandas siguientes fueron atropelladas, aunque la embestida vibrante del animal le dio importancia a sus muletazos. Cuando el nervioso novillero se la puso por la izquierda se amontonó, le enganchó la muleta y la banda suspendió el pasodoble. La faena fue un toma y daca, con el novillero esforzado y el novillo ya más violento por falta de mando. Es tan moderno Vilau que nos obsequió con unas manoseadas bernadinas de postre en las que fue cogido sin consecuencias.
El quinto fue un manso que metió la cara a ritmo lento y cansino y al que Vilau acertó a templar en los muletazos, algo nada fácil porque el de La Cercada metía la cara a paso de tortuga. Casi todo fue a base derechazos, aunque no faltó alguna tanda al natural. Esa forma de embestir no consigue que el toreo resultante llegue con emoción al tendido. Después de una estocada contraria se dio una vuelta al ruedo después de una sorprendente petición de oreja no mayoritaria.
El extremeño Julio Méndez está en las puertas de la alternativa. En la pasada feria de Málaga me gustó mucho; en esta novillada me ha dejado muchas dudas. Tiene solvencia y el oficio aprendido, pero no es suficiente. Brilló en quites, siempre en los de sus compañeros, y demostró que conoce los resortes del toreo, pero le aprecié un defecto peligroso: se pasa los novillos a una distancia sideral, de forma que con unos toques fuertes hacia afuera y un ajuste nulo, el muletazo carecía de emoción. Esta forma de torear no le vale para plazas de cierta entidad.
Al noble e impresentable tercero le dio muchos pases con la derecha, incluso sonó la música, pero en el primer muletazo con la izquierda fue desarmado y ya no volvió ponérsela por ese pitón. Otro problema de Méndez es que vocifera de forma exagerada. Y otro problema más: tiró la muleta sobre el albero al final de la faena. Los trastos no se tiran nunca. En el tercero escuchó dos avisos y en el sexto, toro a menos y donde estuvo más fino y entonado, otro recado presidencial. Miedo me da la alternativa.
Carlos Tirado sufrió la adversidad de que el primero de la tarde se partiera el pitón derecho en un derrote contra un burladero. Es la eterna cantinela de los capotes asomando por los burladeros. Aunque el animal desarrolló nobleza y el de Ayamonte se estiró con algunos buenos muletazos, ese problema pesó mucho y no se lo tuvieron en cuenta.
Con el cuarto, novilleo de escasa clase, siempre lanzando gañafones, Tirado anduvo dispuesto sin poder llegar a interesar al cónclave maestrante.
A partir del tercero un frío intenso se apoderó de la Maestranza. Si encima el festejo se prolonga de forma inexplicable hasta las dos horas y media, pues resulta que la gente se marchó de prisa y con pocos argumentos para comentar. La novillada variada de La Cercada merecía algo más.
Plaza de toros de Sevilla. Novillada con picadores de abono. Media plaza. Seis novillos de La Cercada, de presentación variada y juego desigual. Segundo y tercero, terciados. Destacó el bravo segundo, así como el noble tercero. El primero se partió un pitón tras las banderillas.
Carlos Tirado, de corinto y oro. Estocada corta caída (saludos). En el cuarto, estocada trasera y tendida (silencio tras aviso).
Mario Vilau, de turquesa y oro. Pinchazo hondo (saludos). En el quinto, estocada contraria (vuelta al ruedo).
Julio Méndez, de azul rey y oro. Estocada desprendida y dos descabellos (saludos tras dos avisos). En el sexto, estocada caída (saludos tras aviso).
Vilau y Méndez se presentaron en Sevilla con picadores. Vilau brindó el segundo al ganadero Manolo Bajo y el quinto a Javier Zulueta. Méndez brindó el tercero a El Juli. El primero novillo se partió un pitón después de las banderillas. Frio y viento durante la novillada. Debutó en Sevilla la ganadería de La Cercada.
Nacido en Sevilla en el barrio del Arenal, en la calle Pastor y Landero, frente a la Maestranza. Aficionado a los toros desde su infancia gracias al ejemplo paterno, un viejo amante de la fiesta que vio torear a Guerrita. Abonado de la Real Maestranza desde pequeño.