Victorino Martín coló una raspa en Sevilla de forma inverosímil. Y la coló en quinto lugar, por lo que esa colocación fue decisiva para romper una corrida que había mantenido el interés del juego notable de los hijos de Cobradiezmos, que saltaron en los cuatro primeros lugares en la tarde. Que fuera quinto y luego se lidiara uno descastado como sexto arruinó la corrida, que finalmente dejó un mal sabor de boca entre los aficionados.

La pregunta es cómo se puede embarcar para Sevilla un toro semejante como el llamado Mirandés, que, aunque en la tablilla decía que pesaba 539 kilos, era una raspa sin badana, culipollo, plano por arriba, un toro impropio de la Feria sevillana. Muy mal el ganadero, que me dicen que ha admitido su error. Pero hay más responsables de este atropello.

La misma empresa no puede quedar libre de pecado, porque lo reseñó y lo embarcó. Pero ya el colmo es el de la autoridad, representada como mayor referente por el presidente, que lo aprobó y lo mantuvo en el ruedo contra una protesta generalizada de la plaza que asistía indignada a lo que era un evidente escarnio. Muchas veces los presidentes toman decisiones para evitar escándalos de orden público. Alegará el presidente que no tenía motivos para devolverlo – el toro no se cayó -, pero nadie le hubiera recriminado que sacara el pañuelo verde.

Decíamos que cuatro hijos de Cobradiezmos saltaron al ruedo y bien que dejaron el pabellón de la familia, sobre todo el primero, el segundo y el cuarto, que tuvieron casta y bondad cuando los lidiadores torearon a favor del toro, cosa que no siempre ocurrió.

Borja Jiménez perdió tres orejas por su deficiente manejo de la espada, lo que ya no es noticia. Y cuidado, que sin espada no hay gloria. El primero de su lote, segundo de la tarde, fue bravo en el caballo de Espartaco. Borja se dobló con acierto por bajo y lo sacó fuera de las rayas. En las dos primeras tandas con la derecha le costó coger el ritmo del toro, pero cuando se la puso por la izquierda todo cambió, ya que templó en naturales de mano muy baja, largos y bien rematados. No siempre hubo ligazón, la faena tuvo intermitencias, sin embargo, dos más con la izquierda tuvieron calidad. Fue una faena larga, le costó encontrar el ritmo por la zurda, escuchó un aviso y lo mató de una estocada caída, que debió ser el motivo por el que el palco no concedió la oreja con petición mayoritaria.

Con el noble cuarto toreó a placer sobre la izquierda, lado por el que llegó a completar siete tandas. El toro hizo el surco en el albero, es cierto que era algo remiso y debió provocarlo mucho, pero el natural surgió inmenso con una tanda de una calidad superior, siempre rematando con pases de pecho forzados. Ahora el enredo con la espada fue mucho más lastimoso, ya que dejó dos medias estocadas antes de un descabello. A esos toros hay que matarlos en Sevilla. De dos orejas pasó a una vuelta, pero la gloria se había escapado.

El sexto, ya con el ambiente algo enrarecido por lo ocurrido en el quinto, fue un toro soso de poca vida. El trasteo no ganó altura, no fue suficiente la voluntad y ahora tampoco estuvo fino con el acero.

El lote de Escribano fue menos propicio para el triunfo. El mejor fue el primero, un toro con casta. No se fue a portagayola en contra de su costumbre. Colocó las banderillas con su habitual estilo. En las cuatro primeras tandas no se acopló, bien porque le tropezara el engaño, bien porque doblara el astado las manos. Ya avanzada la faena encontró la distancia y dejando la muleta en la cara pudo ligar naturales de buen corte. Era un poco tarde. El aviso llegó de forma inexorable.

El lidiado como tercero, segundo de su lote, le permitió unas verónicas en el saludo tras la portagayola muy vibrantes. Lanceó a un toro en la puerta de chiqueros con limpieza y buen estilo. Tras las banderillas y un brindis a su compañero Borja Jiménez, el torero de Gerena porfió con un toro reservón, que esperó mucho antes de acometer, y así todo resultó muy incoloro.

El orden de lidia perjudicó mucho al festejo. De todas formas, ese quinto no debió saltar al ruedo maestrante nunca. Todos pusieron algo de su parte para que fuera lidiado en la Feria de Sevilla. Victorino coló la raspa y la autoridad se lo permitió. Una autoridad cuestionable. A Borja le pidieron la oreja del segundo por mayoría y un presidente tan alegre no se la concedió, además de cambiar un tercio con dos banderillas. Así están las cosas en Sevilla.

Plaza de toros de Sevilla, 18 de abril. Octava de abono. No hay billetes. Seis toros de Victorino Martín, desiguales de presencia, el quinto muy terciado, de juego variado. Encastados el primero y el segundo y noble el cuarto.

Manuel Escribano, de azul marino y oro. Estocada corta y descabello (saludos tras aviso). En el tercero, estocada caída (silencio tras aviso). En el quinto, estocada trasera y baja (silencio).

Borja Jiménez, de gris plomo y oro. Estocada caída (vuelta al ruedo tras aviso). En el cuarto, dos pinchazos hondos y descabello (vuelta al ruedo). En el sexto, tres pinchazos y descabello (silencio).

Saludó Iván García en las banderillas del sexto. Destacaron los picadores Manuel Jesús Ruiz Román y Vicente González.

sevillatoro.es
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