El mano a mano de Julio Aparicio con Pansequito quedó marcado por una frase desafortunada, sorpresiva e improcedente de Aparicio, que cuando le preguntó José Enrique Moreno por la aportación de su padre a su tauromaquia soltó una frase que fue como un cuchillo hiriente el salón de Cajasol: “Mi padre fue una gran equivocación de mi madre”. Lo dijo sin mirar al público, como estuvo durante todo el acto, seco, serio y distante. Moreno cambió el tercio; Pansequito miró a otro lado; el rumor del público censuró algo que, por mucho que sea la verdad del torero, no debe nunca decirse de un padre ante más de cien personas. A veces la callada por respuesta es más elegante que el desprecio.

Era el 43 de los ‘mano a mano’, esta vez con el argumento del flamenco y el toreo. Pansequito, cantaor flamenco puro, puso las bases del hilo conductor de sus opiniones. “Con el cante se torea; cuando se torea se canta”. Aparicio confirmó las relaciones el arte del torero y el arte del flamenco: “En ambos casos se pone por delante el sentimiento; hay un desgarro cuando se canta o se torea”.

Estaba claro que Julio Aparicio solo se considera hijo de su madre en cuestiones artísticas, la genial bailaora Maleni Loreto. “Mi madre Maleni me puso los genes toreros”. Se presagiaba la frase que le pondría la nota amarga a la noche. “Cuando era chico veía a mi madre bailar y las guitarras y los cantes que le acompañaban; desde pequeño he convivido con el toreo y el cante”.

Pansequito fue salvando la noche con sus sentidas palabras. “Julio ha nacido de una mujer que tenía mucho compás y eso se le notaba en la plaza”. Siguió el gitano: “El arte no surge siempre, a veces está guardaito”. Apostilló Julio: “Soy gitano en mi arte, en mi manera de concebir el toreo y en la forma de vivir”. Ahí fue cuando el conductor metió al padre, que nada más y nada menos es el gran torero Julio Aparicio. Ahí llegó el desatino.

Se arregló la cosa con el repaso a algunas de las actuaciones más felices de Aparicio, como la mañana de la novillada de feria en Sevilla del año 1989, que fue una conmoción. Se aligeró la tensión cuando las imágenes de la faena grande al toro de Alcurrucén en Madrid en 1994 pudieron ser contempladas de nuevo.

Pansequito siguió desparramando buen sentido con frases redondas. “El toreo y el cante son sentimientos y los dos duelen mucho cuando se hacen bien. El arte es difícil de realizar y de entender. El arte no aparece siempre, de forma que no se puede ni cantar ni torear bien todos los días”. Habló de los miedos antes de salir al escenario, de los recursos que se tienen para resolver los momentos sin salida y negó la existencia del duende. “El duende consiste en cantar bien; si se canta bien, dicen que hay duende, pero no sé bien qué es eso. Lo mismo que no hay cante grande o cante chico. Pueden llenar de mayor sentimiento unos tangos que una seguiriya. A mí lo que me parece más profundo es la bulería, que me parece el cante más grande”.

Pansequito habló del cante en los toros, “algo que no me gusta; lo me encanta es que después de una corrida nos vayamos unos cuantos amigos con el torero a cantar y estar a gusto”. Y dicho esto habló de Curro Romero, su amigo del alma, con el que habla de Manolo Caracol, que ha sido siempre mi fuente de inspiración, y de Camarón cuando están juntos, pero casi nada de toros.

Al final del acto, Aparicio, siempre de perfil y sin mirar al patio de butacas, habló de una lesión de la que se recupera, de su vida en el campo, de la ilusión que tiene con una punta de ganado bravo y de sus esperanzas, si se pone bien de la lesión, de volver a vestirse de luces. “Sigo soñando con torear, aunque comprendo que ahora el toro es muy grande y la mayoría de los toreros ponen más técnica que sentimiento”.

José Cortés, Pansequito en los carteles, firmó su noche con la dignidad de un genio. “El arte lo es todo, pero la pureza es todavía más necesaria, tanto en el toreo como en el flamenco. La pureza es la fuente en la que todos los jóvenes deben aprender”. Y ahí se acabó todo. A la salida del mano a mano, los comentarios de los corrillos sentenciaron el asunto. “No es nada bonito menospreciar a un padre de esta forma, porque además el padre no ha sido un cualquiera”.

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