Más dos horas y media de función y a nadie le pesó la tarde. Es lo que tiene la emoción del toro. Colocar la de Victorino detrás de una de Cuvillo en de puntillazo para esta última. Porque las odiosas comparaciones surgen de inmediato. Es la diferencia entre un toro con casta brava, movilidad y dificultades, frente a toros sin vida ni fuelle. Victorino ha lidiado una buena corrida en Málaga, tan solo con la excepción del primero, porque incluso el protestado sexto ha sido un prodigio de humillación y ha pillado a Fortes ya con la Puerta Grande en el bolsillo.

Manuel Escribano mató los dos primeros toros de la corrida. El que abrió plaza lo prendió por la pierna y le causó una herida muy visible por la sangre que empapó su media rosa. Fue el toro menos bravo en el caballo de una corrida más que cumplidora en varas. Se fue suelto al caballo reserva para tomar un segundo puyazo y luego se fue a por el caballo y recibió un tercero al relance. Colocó las banderillas con su reconocida destreza, con mención especial para el tercero, al violín y al quiebro.

El toro recortó siempre sus embestidas con mal estilo. Nunca fue suave, siempre fue áspero. Escribano comenzó con los cambiados por la espalda y toreó con la izquierda si ligar los pases. En la tanda de la derecha lo atropelló y hirió revolcón. Dos tandas más con la izquierda, valientes, robando los pases, pusieron el colofón a una labor sorda pero valiente.

Mató su segundo toro a continuación. La media estaba ya enrojecida por su sangre torera. El toro se dejó por la derecha y buscó al espada por la zurda. Faena meritoria sobre la derecha, templada, siempre por encima del animal, que no regaló nada. Todo eso y una estocada le permitieron mostrar una oreja sin poder dar la vuelta al ruedo. Se fue a la enfermería donde fue operado de una cornada de 15 centímetros en la pierna derecha.

La corrida quedó convertida en un mano a mano entre Emilio de Justo y Fortes. El lote del extremeño fue encastado, duro y exigente. Y de Justo respondió con temple y valor. Al primero de su lote, humillador y complicado, muy mal picado, lo paró con los doblones de apertura. No fue una faena brillante, lo pasó por la derecha con oficio y mejoró en una tanda con la izquierda más templada. El toro lo pidió todo por abajo, de ahí que, en los pases de pecho, el torero se viera comprometido. Se pidió la oreja con timidez y dio una vuelta al ruedo.

El quinto fue un buen toro más por casta que por calidad. Antonio Chacón se asomó al balcón con dos pares para un saludo. El toro pedía temple, sitio y distancia. Emilio de Justo se dobló por bajo. En las primeras tandas el animal era una furia incontenida, que el torero tuvo que dominar con su muleta, sobre todo con el temple, para lograr tandas emocionantes. Había un toro que torrar y un torero presto y dispuesto. El esfuerzo fue muy grande, no era un toro de carril, pero De Justo consiguió templarlo y modelar su embestida, para acabar toreando a placer sobre la derecha sin la ayuda. La estocada fue letal; las dos orejas, el premio a un torero cabal con un toro serio y difícil.

Fortes lidió el mejor toro de la tarde, de nombre Borracho, prodigio de casta, temple, humillación y longitud del viaje. A tan buen toro le correspondió el malagueño con una faena completa. Con sus 587 kilos, largo, fibroso, degollado y asaltillado, cumplió mejor en la segunda vara. En banderillas parecía gazapón, pero fue un espejismo. Fueron las buenas dobladas por bajo de Fortes las que cambiaron a Borracho, que embistió mucho y miró mucho al torero, pero que encontró un espada firme, con temple, sin dar un paso atrás, en una faena por ambos pitones con la emoción del toro y la seguridad de un lidiador a la altura de semejante torrente de casta brava. Las dos tandas finales con la derecha fueron el colofón de una gran obra. Un trincherazo fue la rúbrica de su emocionante trasteo, rematado de una estocada algo desprendida. Dos orejas, apoteosis y Málaga entregada sin reservas a su torero.

El último acto no fue brillante. El toro parecía cojo de la pata trasera izquierda. Se mantuvo en el ruedo y fue un portento de humillación y de incertidumbre. Fortes lo intentó, tal vez sin convicción ya con el premio asegurado. El final de la corrida no tuvo la vitola de su propio desarrollo. Aunque el final fue el paseo triunfal de Emilio de Justo y Fortes para salir por la Puerta Grande. Y que no se olvide que en la enfermería había otro torero de cuerpo entero con la pierna abierta.

Plaza de toros de La Malagueta, 21 de agosto de 2026. Octava de Feria. Casi lleno. Seis toros de Victorino Martín, bien presentados y de variado e interesante juego en conjunto. Destacaron el excelente cuarto, Borracho, número 53 de 587 kilos, que fue premiado con la vuelta al ruedo y el quinto, un toro encastado. 

Manuel Escribano (azul noche y oro): ovación y una oreja.

Emilio de Justo (blanco y azabache): vuelta al ruedo y dos orejas tras aviso.

Fortes, dos orejas y silencio tras aviso.

Emilio de Justo y Fortes salieron a hombros por la Puerta Grande. Saludó en banderillas Antonio Chacón.

Parte médico de Manuel Escribano: “Se aprecia herida inciso-contusa de unos 5 cm. Se explora herida que afecta a piel, celular subcutáneo y musculatura, con una trayectoria ascendente de unos 15 cm en musculo tibial anterior. No se aprecia afectación vascular, nerviosa o neurológica. Se realiza Friedrich de la herida y lavado de la misma. Revisión de hemostasia. Colocación de drenaje de Penrose. Pronóstico Reservado salvo complicaciones”.

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