Volvieron las novilladas sin picadores a la Real Maestranza. En el fondo, a pesar de algunos cambios, todo siguió la misma tónica de siempre. No se llegó a llenar la mitad de la plaza, aunque el ambiente fue el de siempre, con abundante presencia de público juvenil y de amigos de los toreros, unos más que otros.

La novillada de Polo Sáiz no dio la talla ni en presencia ni en juego. Reses escuálidas, mansas y sin clase, casi todas con un punto de genio soltando gañafones al final de los muletazos. Ese mal juego de los erales condicionó los resultados.

Se cortaron dos orejas, mayormente pedidas por los amigos de los espadas, lo que pone en un compromiso al jurado que debe elegir los finalistas. Ya lo dijo el empresario: las orejas no deben ser el baremo para designar a los que pasen a la final. Otro tema que se repite es la duración de estas novilladas sin picadores. Más de dos horas y media es un tiempo inexplicable, pero el ritmo es muy cansino, las vueltas al ruedo son paseos interminables, las faenas son muy largas, en definitiva, todo se acumula para que el tiempo corra inexorable.

Lo mejor de la noche llevó la firma de dos novilleros que no cortaron orejas: Manuel León y Armando Rojo. El primero, avalado por la galardonada Escuela de Badajoz, tropezó con un manso de manual en el primer turno. Le costó acoplarse con el capote, pero ya con la muleta logró torear bien con la derecha, solo con el problema de algunos enganchones. El conjunto de su labor fue de buena nota. Como tenía pocos amigos en el tendido no se le pidió la oreja después de matar de una estocada tendida.

Hubo que esperar al quinto para volver a presenciar toreo de calidad, que llegó del capote y la muleta de Armando Rojo, novillero de La Puebla del Río en las filas de la Escuela de Sevilla. En el saludo con el capote hubo lances de mucha calidad. El comienzo de la faena fue fulgurante a media altura y en una tanda sobre la derecha, rematada con el muletazo de la noche, una trincherilla inmensa. No fue una faena completa ante un novillo que soltó la cara. Armando dibujó buenos muletazos junto a otros menos limpios. Su cruz fue una mala espada.

Las orejas las cortaron Ignacio Sabater y Cristóbal de Lara. El primero debe estar satisfecho porque sus amigos no le abandonaron. Sabater se enfrentó a otro mansito con escasa calidad, al que toreó con afán, algo despegado y con una evidente y normal falta de oficio. Todo ello junto a algunos momentos de mejor acoplamiento. Lo había recibido con cuatro faroles de rodillas. La certera estocada dio paso a una petición desaforada y así llegó una oreja fruto de la buena amistad.

El novillo de Cristóbal de Lara, chaval de Villalba del Alcor, fue inválido, noble, con muchas querencias a las tablas, lo que aprovechó para torear con temple sobre la derecha, aprovechando la tendencia del eral. En algún momento ligó en la oreja del novillo y acabó con ayudados y molinetes. La espada cayó baja, pero la noche se había metido en triunfalismos y pudo pasear la oreja.

El salmantino Íñigo Norte sorteó un manso aquerenciado, al que trató de dominar en las tablas en una labor de buena técnica, pero sin lograr rematar la faena.  

El madrileño Daniel García se las vio con animal sin clase, siempre con la cara alta, de engañosa movilidad y un punto de brusquedad. Sufrió un atropello sin consecuencias. Su faena fue altibajos, alternando algún muletazo bueno con otros de ritmo veloz y algo de embarullamiento. Mató de una buena estocada y se dio una vuelta por el anillo maestrante.

Plaza de toros de Sevilla, 25 de junio de 2026. Primero novillada de promoción. Menos de media plaza. Seis erales de Polo Sáiz, muy justos de presencia, blandos, mansos, y sin clase. El mejor fue el tercero.

Manuel León (escuela de Badajoz), de blanco y oro: vuelta al ruedo tras aviso.

Ignacio Sabater (escuela de Utrera), de caldero y oro: una oreja tras aviso.

Cristóbal de Lara (Villalba del Alcor), de celeste y oro:  una oreja.

Íñigo Norte (escuela de Salamanca), de verde manzana y oro: saludos tras aviso.

Armando Rojo (escuela de Sevilla), de negro y oro: saludos tras aviso

Daniel García (escuela Yiyo de Madrid), de corinto y oro: vuelta al ruedo.

Saludó en las banderillas del quinto Jesús Robledo Tito.

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